Narraré un día ordinario en mi
actual vida: me levanto a las 5.30 am, hago un café, lo endulzo con miel porque
hace ya 1 mes que no tengo azúcar, preparo el desayuno (anoche amasé pan sin
levadura porque cuesta alrededor de 10 dólares y yo gano 93 al mes – al cambio
actual de 420 Bsf por dólar - por lo tanto es muy cara) introduzco la bandeja
con 5 pancitos en el horno mientras le preparo el desayuno a los perritos
(tengo 5 y les sirvo 3 tazas de arroz con 1 y ½ de perrarina para rendirla,
antes cada uno comía 1 taza de perrarina pero ya no podemos darnos ese lujo)
Desayunamos pan con mantequilla y cheese whiz con una taza de café. Barro el
patio, riego las plantas y espero las 8:00 am a que se vaya la luz hasta las 12
del medio día. Durante esas infames 4 horas sin electricidad leo las noticias
en el teléfono móvil, recojo y doblo la ropa que lavé ayer porque aproveché que
había agua y luz en la tarde, duermo un rato y finalmente dejo todo listo para
hacer el almuerzo cuando llegue la luz. Ya es medio día y llega la luz, inicio
la preparación de la comida y hago la cena de una vez porque nunca estamos
seguros de otro apagón y la cocina es eléctrica. Comemos 1 carbohidrato (papas,
pasta, arroz o arepas pero sólo 1 de esas opciones) y 1 proteína (huevo o
carne, lo que dispongamos ese día), los vegetales están bastante costosos así
que son muy raros en el plato. Al terminar limpio un poco la casa por dentro y
ya es hora de darles cena a los perritos, tipo 6:00 pm. Tomo una ducha breve
para no gastar mucha agua ni jabón y me dispongo a cenar. Vemos tele y a dormir
para repetir esta vacía y tediosa rutina. Se puede observar que en ningún lugar
de mi historia hay: salida con amigos, visita a familiares, ir de compras,
centro comercial ni nada que tenga que ver con recreación o vida social.
Tampoco voy al trabajo porque, como ya les he dicho con bastante preocupación y
vergüenza a mis compañeros de trabajo: tengo el carro dañado, no tengo
desodorante para mis axilas ni jabón para lavar la ropa y además llevo 6 meses
sin tomar mi tratamiento para la hipertensión por lo tanto me quedo en casa
intentando llevar una vida “tranquila y relajada”. Mucha gente pensará: pero
¿este tipo de qué se queja si tiene casa propia, carro, comida y servicios
básicos que muchos no tienen? Es cierto pero no fue para eso que estudié, que
trabajé durante tanto tiempo y más aún, no fui criado para vivir o padecer
esto. Siempre nos fue inculcado el crecimiento, la competitividad, el
desarrollo. Siempre nos fue inculcado que debíamos ser más, tener bastante,
evolucionar; así que, toda esta experiencia genera ruido en mis creencias, pone
en perspectiva la vida y uno se pone a pensar: ¿para dónde voy?, ¿qué hago?,
¿es esto lo que quiero?, ¿qué estoy esperando? Y no hablo en plural porque
definitivamente no todos mi coterráneos sienten la misma incomodidad que yo. Concluyentemente,
cuando veo que muchos van con normalidad al trabajo, otros se detienen a comer
en un restaurante (nombre genérico que dispongo para cualquier sitio de venta
de comida no hecha en casa y costosa) y algunos inclusive van al cine debo afirmar
de que no todos estamos padeciendo lo mismo, o no todos vemos el desastre desde
la misma perspectiva o no todos decidimos quejarnos (sinónimo que utilizo para
cualquier palabra que implique detenerse y levantar la voz para indicar que
esto anda mal) Observo esa especie de “normalidad” y digo: ¿llegaremos al
paroxismo de esto? Y no sólo hablo de política y de la dictadura que padece
Venezuela sino al conformismo en el cual se ha sumergido el venezolano, son
tantas cosas que han cambiado para mal, para atrás, involucionado, que me
siento divagante al escribir esta entrada a mi blog. Recuerdo que hasta hace
unos 3 años atrás yo iba a Recordland o Discocenter y me compraba el último CD
de Madonna y curucuteaba un poco en la tienda para llevar otros 4 o 5 discos
más bien buenos que estuvieran en oferta; me iba un jueves en la noche a ver un
espectáculo de boleros donde cantaba Judith Rodriguez y llevaba mi botellita de
vino y nos caíamos a palos todos los que nos sentábamos en esa mesa deliciosa
que nos sustraía durante un par de horas de Venezuela y nos paseaba por toda
Latinoamérica haciéndonos sentir orgullosamente latinos. También me daba el
lujo de estudiar Francés en la Alianza Francesa y seguir por los 2 cines de
Valencia (si, 2 cines nada más que transmiten cine de autor en Valencia) Me
compré una fuente de chocolate y cada vez que nos reuníamos en casa de mi
fabulosa amiga Laura Pérez yo la llevaba cargada de chocolate, frutas y
aderezos para compartir con todos. Hacer mercado nunca fue ni un tema de
conversación ni un motivo de preocupación pero ahora vemos que todo nuestro
salario se va en eso y nos falta, quedamos cortos de comida ya el día 20 del
mes y aún restan 11 para llegar al final. Ayer pasé 4 horas dando vueltas en el
supermercado con un carrito de compras donde metía víveres, haciendo un mercado
virtual para que no me vieran mal los trabajadores de allí, mientras esperaba
qué productos regulados iban a sacar, después de todo eso pude comprar 2
docenas de huevos. Lo cumbre no es todo lo anterior sino que ya era el tercer
jueves (me toca comprar por mi último número de cédula el día jueves) que iba a
mercado y no conseguía nada. Nada resume lo básico: pasta, harinas,
mantequilla, huevos, leche, mayonesa, etc. Lo demás ya salió de nuestra dieta:
quesos, jamones, embutidos, frutas, dulces, etc, son lujos a los que ya no
podemos acceder so pena de quedar sin presupuesto para la nada. Después de eso
me fui a otros 4 supermercados donde después de hacer entre 2 y 3 horas de fila
no vendieron ningún producto. Nos fuimos a casa desanimados, agotados,
hambrientos, quemados por el sol y bastante deprimidos. Ayer también, con dolor,
escuché el cuento de mi hermana: trabaja en una institución del Estado desde
hace 8 meses y le deben todo el salario del mes de diciembre del año pasado más
el bono de alimentación del mes pasado y la quincena de este mes. Con todo su
entrenamiento en gerencia y manejo de sus sentimientos (hizo un curso bien caro
en todo eso dictado por especialistas internacionales y ella ha logrado muy
buen lugar en su equipo que aún continúa vivo) rompió a llorar amargamente
mientras nos ponía al día. Mi mamá intentó calmarla y lo único que pude decirle
fue: déjala que drene, todos estamos así y tenemos que sacar eso de nuestro
sistema. Quisiera que esta historia quede grabada en internet para futuras
referencias, que no se repita en ningún lugar del mundo, que podamos ver la
abyecta realidad que algunos humanos infligen sobre otros con el pretexto de
absurdas realidades que solo existen en sus desquiciadas mentes (con todo esto
me refiero absolutamente a la revolución y al mismo psicópata Hugo Chávez y
todo su equipo) pero más aún para que los venezolanos nunca más volvamos a
repetir un capítulo como este en nuestras vidas. Tal y como escuché de Anna Vaccarella:
“Todo lo que no se cuestiona permanece”, les dejo esa reflexión.
Dios los bendiga.
Néstor Sarmiento
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